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Primera División de Argentina

El Central de Tevez ganó el clásico de Rosario: acertó un cabezazo y bajó de la punta a Newell's

En el Gigante de Arroyito, el Canalla se impuso 1-0 a los de Sanguinetti, con gol del juvenil Alejo Véliz, sobre el cierre del primer tiempo.

Efectivo, esforzado, con el músculo dispuesto para el sacrificio y más lucha que juego, el Rosario Central de Carlos Tevez ganó el clásico, impidió que Newell’s se mantenga en la punta de la Liga Profesional y desató un carnaval en su propia cancha. Fue 1-0, una diferencia exigua, a tono con un partido sin estridencias, jugado con la tensión acostumbrada en el duelo más efervescente del fútbol argentino.

Central consiguió la ventaja en un cabezazo del juvenil Alejo Véliz (un acierto de Tevez al ubicarlo como una torre para pulsear con el poderío aéreo del rival) cuando se apagaba el primer tiempo. Después resistió con orden. Suficiente para merecer la victoria ante un Newell’s inexpresivo, que tuvo un cuarto de hora de dominio en la etapa inicial, pero que terminó desdibujado, sin exigir a Gaspar Servio en todo el complemento, salvo en el final.

El local inició el juego plantado en campo rival, pero a medida que corrían los minutos Newell's abandonó su posición de espera, empezó a manejar la pelota con mayor fluidez y a adelantarse en el campo. El equipo dirigido por Javier Sanguinetti lucía más aplomado, más seguro, ganando los duelos individuales.

Pablo Pérez, paciente y cerebral, era la llave para prevalecer con una receta tan antigua como el fútbol: mostrarse para recibir, pensar para descargar.

Fue un cuarto de hora en el que Central parecía tambalear. El juego rápido y directo de Sordo por la banda izquierda ponía en apuros a Cortez. Y todo el andamiaje defensivo del equipo de Tevez entraba en conflicto.

A los 14’ Sordo desbordó por su costado, tiró un centro que García no llegó a empujar y que Servio alcanzó a desviar. Pérez, ingresando por atrás, estrelló su fortísimo remate contra el palo izquierdo.

Siete minutos después, aprovechando el momento de confusión que vivía Central, Méndez jugó un lateral rápido y García apareció solo en el área para rematar cruzado.

Tevez advirtió los problemas que exhibía su equipo. Con el ingreso de Infantino por el lesionado Buonanotte, rompió el esquema inicial (los dos equipos iniciaron con tres en el fondo, a los que se incorporaban, al perder el balón, los laterales volantes) y se inclinó por las dos líneas de cuatro.

Ese reacomodamiento fue vital. Ordenó a Central y frenó el ímpetu de Newell’s. De hecho, el local encontró sus primeras acciones de riesgo. A los 27’ Infantino no llegó a empujar al gol un centro de Blanco por un cruce salvador de Pérez.

Y cuando el primer tiempo parecía morir con un empate en cero, un tiro libre desde la derecha encontró la cabeza de Véliz, que con sus 18 años le ganó en el cielo a la experiencia de Lema, para vencer a Herrera, de floja respuesta.

Central encontraba una ventaja que hasta minutos antes parecía impensada, pero le sacaba rédito a su efectividad, de invaluable valor en un juego que se presumía equilibrado, con tendencia a los cuidados y a la precaución.

Con el envión de esa conquista, el equipo de Tevez pudo incluso liquidar el juego cuando amanecía el complemento. Se jugaba un minuto cuando el propio Véliz quedó cara a cara con Herrera y definió mal.

Central decidió replegarse y ceder la pelota y Newell’s respondió con un toqueteo intrascendente. Mientras el local apostaba a alguna contra o una acción con pelota detenida (a los 32’ arrimó con un cabezazo de Frías), el reloj, la desesperación y los cambios propuestos por Sanguinetti terminaron por desdibujar la imagen de un desesperado Newell’s.

Intrascendente en su juego, apenas generó una acción con algo de riesgo: un tiro libre de Sordo que cayó en el segundo palo y que Dita definió con un disparo desviado.

Nada más. Central se aferró al triunfo que construyó con el gol de Véliz, la prolijidad de Tanlongo para manejar todo en el medio, el juego de Infantino y el sacrificio del resto. Poco, pero suficiente para desatar una fiesta. La más esperada en Rosario y la que permite escribir algunas de las historias más épicas. Esta vez le tocó a Central. Y estuvo bien.

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