Política
Tensión

VIDEO | Te quieren pobre y bruto: los docentes endurecen su postura frente al Gobierno de Pullaro

Desde gremios como AMSAFE y SADOP denuncian que el modelo que propone el gobernador Maximiliano Pullaro lleva a la pérdida de derechos y la caída salarial.

Mientras el Gobierno de Maximiliano Pullaro insiste en maquillar el conflicto educativo con premios por asistencia, la realidad en las escuelas santafesinas expone una política salarial basada más en el castigo que en el diálogo.

Lejos de descomprimir la tensión, las modificaciones al llamado “premio económico por asistencia” reavivaron el malestar docente y endurecieron la postura de los gremios en la antesala de la paritaria.

El mensaje que baja desde la Casa Gris parece claro: no hay recomposición salarial estructural, pero sí incentivos condicionados. Para AMSAFE y SADOP Rosario, el esquema no solo es insuficiente, sino profundamente injusto. El incentivo por presentismo, denuncian, termina penalizando la enfermedad, los accidentes y las situaciones personales críticas, mientras consolida salarios básicos que siguen perdiendo frente a la inflación.

La respuesta gremial no tardó en llegar. Desde AMSAFE, su secretario general Rodrigo Alonso volvió a exigir un cambio de rumbo en la política paritaria. Reclaman recomposición salarial tras dos años de deterioro del poder adquisitivo, una cláusula automática de actualización por inflación, mejoras urgentes para jubilados que cobran aumentos con hasta dos meses de atraso y el cumplimiento de concursos y traslados que el propio Gobierno acordó y luego dejó en suspenso. Para el gremio, la paritaria bajo Pullaro se convirtió en una instancia meramente formal, donde el Ejecutivo impone y los docentes acatan.

SADOP Rosario fue todavía más crudo. Con una publicación irónica titulada “Ellos no se esfuerzan”, el sindicato expuso testimonios de docentes que quedaron excluidos del beneficio por haber atravesado problemas de salud, accidentes o situaciones familiares graves. Su secretario general, Martín Lucero, lo sintetizó sin rodeos: reducir salarios y luego ofrecer presentismo es una forma de extorsión salarial. Una decisión política que traslada el ajuste a las espaldas de quienes sostienen el sistema educativo.

Del lado oficial, el Gobierno celebra números: más de 23 mil docentes alcanzados por el programa y una inversión millonaria. Pero las estadísticas no logran tapar el problema de fondo. Para los gremios, no se trata de cuántos cobran un plus, sino de cuánto vale el salario docente y qué modelo educativo se está construyendo. Premiar la asistencia perfecta no resuelve la precarización ni mejora las condiciones de enseñanza; apenas disimula un ajuste que sigue intacto.

Con la paritaria a punto de comenzar, el escenario es el de un conflicto anunciado. Pullaro apuesta a los incentivos y al relato de la eficiencia. La docencia, en cambio, llega con un reclamo político de fondo: salarios dignos, reglas claras y negociación real. Porque, como advierten desde las escuelas, no hay premio que compense un sueldo que no alcanza. Y un sistema educativo que castiga a sus docentes difícilmente pueda garantizar calidad ni futuro.

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