Rosario arde tras otra ráfaga de violencia y Maximiliano Pullaro mira para otro lado
Rosario volvió a escena con una ráfaga mortal: tres homicidios en pocas horas, disparos frente a domicilios vinculados al clan de los Monos con 33 vainas servidas en el lugar, y dos menores heridos por balas.
Ante este escenario, el gobernador Pullaro eligió minimizar: “La calle se volvió a llenar de gente buena”, dijo, esquivando la dimensión de los hechos.
La segunda ciudad más poblada de Santa Fe no tiene síntomas de recuperación. Todo lo contrario: la violencia estructural reaparece y el relato oficial choca con la realidad del narcotráfico que sigue haciendo estragos. Mientras el Ejecutivo provincial mantiene su discurso de “mano dura”, en el territorio la inseguridad se replica sin freno.
Pullaro, cuya gestión se levantó sobre la promesa de orden y contención del delito, se encuentra en un momento crítico. En lugar de asumir la emergencia, su mensaje se encaminó a tranquilizar: una estrategia que los rosarinos empiezan a ver como desconectada de la urgencia.








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