Política
Tensiones y silencios

Pullaro se viste de zurdito para la tele, pero en Diputados levanta la mano con Milei

El gobernador asegura oponerse a una “reforma laboral de derecha” y celebra coincidencias con la CGT, pero en los hechos respalda el proyecto de flexibilización que impulsa la Casa Rosada. (Dibujo: CHATGPT-IA)

El gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, volvió a mostrarse como un equilibrista político. Asegura que no quiere “una reforma laboral de derecha” pero, al mismo tiempo, acompaña la agenda de Javier Milei en el Congreso y se abraza a una narrativa que termina convergiendo en la flexibilización del trabajo.

La palabra elegida, “modernización laboral”, intenta suavizar lo que en realidad es: cambiar las reglas para que contratar sea más barato y despedir más fácil.

El raro radical intenta construir una imagen sensible al reclamo sindical, con reuniones con la CGT y declaraciones que en otro contexto podrían sonar progresistas.

Sin embargo, esa foto choca de frente con los recortes en obra pública, educación, salud y discapacidad que Santa Fe sufre bajo su gestión en alianza con Nación. La hipocresía política queda en evidencia: se vende como defensor de los trabajadores mientras apoya un presupuesto que los golpea directamente.

Pullaro insiste en que su prioridad son las pymes, pero la realidad provincial muestra otra cosa: industrias apagadas, empresas al borde del cierre y un empleo registrado en retroceso.

Si su modelo es tan efectivo, ¿por qué Santa Fe no despega? El propio gobernador reconoce que no puede destrabar una sola obra nacional para mejorar las rutas santafesinas, esas que define como “en pésimo estado”. Un reconocimiento de su falta de influencia y gestión.

Además, celebra el armado del bloque de Provincias Unidas como si fuera una conquista histórica. En su propia frase se delata: “Hasta hace unos días, tenía un solo diputado que me consultaba permanentemente”. Hoy festeja que lo consulten más, como si eso resolviera la crisis productiva, la inseguridad o el deterioro del tejido laboral en la provincia. Lo que Pullaro llama “fortalecimiento político”, suena más a rendición frente al PRO y a la Casa Rosada.

Mientras dice querer “un Estado eficiente que cuide a las personas”, la realidad santafesina muestra ajuste y abandono: hospitales desbordados, paros en las escuelas, y obras clave que no aparecen en ningún lado. El gobernador habla de “proteger al interior”, pero se olvida que el interior comienza en Santa Fe.

Pullaro juega a dos puntas: discurso social para las cámaras, alineamiento con el ajuste para sostener poder en Buenos Aires. El problema es que la provincia ya no compra humo. Y los trabajadores, mucho menos.

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