El derecho a morirse dignamente no existe en la provincia que comanda Maximiliano Pullaro
Entre el jueves y viernes pasado, los portales santafesinos se vieron conmocionados por una noticia. El fallecimiento de una persona mayor, que no poseía un seguro de cobertura.
La típica postal de la Santa fe actual, resumida en pobreza, gente durmiendo a la intemperie, sin inversiones, con gruesos ajustes fiscales sobre los estatales, como si fuesen el “summun” de todos los males.
Como el presidente Javier Milei lo tiene “cinchado” al Gobierno santafesino, con la cuestión de las rutas, hidrovía, dragado de puntos de acceso y el no pago de la deuda que mantiene, el titular del ejecutivo no tiene otra idea que, estatales y jubilados pague el festival de nombramientos e ineficencia del estado.
En el hecho que se narra, un cuerpo estuvo en estado casi pútrido sin poder sepultarse durante 24 horas. Ni el 107, ni el PAMI, ni ninguna dependencia oficial dieron respuesta a la familia.
Tomando conocimiento los medios, se logró que uno de los Sindicatos municipales, mediante un accionar con el municipio, procediesen a dotar de un habitáculo de cuatro maderas, para que el cuerpo tuviese su sagrado reposo.
Estas y no otras, son las incongruencias que muestra la gestión provincial. Donde los límites de la pobreza se amplian mientras que, la exorbitancia de los sueldos y presupuestos de áreas claves como desarrollo social, no son auditados y hay una chequera libre para la joda, festivales y todo lo que tiene que ver con crear un clima colectivo de euforia, aún en medio de la crisis.
“Cosas veredes Sancho”, sancionó hace mucho, Don Quijote de la Mancha.








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