VIDEO | Pullaro infla el pecho con menos muertos que en 2023, pero cuando ves sus números anteriores se le cae el verso
El gobierno de Santa Fe decidió salir a festejar con bombos y platillos una reducción histórica en la tasa de homicidios. Las autoridades de Seguridad de la gestión de Maximiliano Pullaro presentaron los números del primer semestre de 2026 con la emoción de quien encuentra un billete de lotería en un bolsillo olvidado.
Según el informe oficial, se registraron 73 homicidios en toda la provincia, lo que representa una caída del 67 por ciento respecto del mismo período de 2023, cuando se contabilizaron 217 asesinatos. La comparación, por supuesto, no es casual ni mucho menos inocente.
Avanzamos en la lucha contra el delito en Santa Fe, con una baja de homicidios histórica. Pero todavía falta mucho, porque ahí afuera hay organizaciones criminales que no quieren que esta provincia viva en paz.
— Maximiliano Pullaro (@maxipullaro) April 6, 2026
La decisión es todos los días dar un paso adelante para que cada… pic.twitter.com/5tnsEhTMWN
El año 2023 no fue elegido por sorteo ni por capricho estadístico. Resulta que ese fue el último año de la gestión del justicialista Omar Perotti, el adversario político al que Pullaro le ganó en las urnas y al que ahora le gana en las tablas de delitos.
La referencia huele a oportunismo político más que a rigor científico, porque cuando la vocera Virginia Coudannes se animó a comparar los números actuales con los de 2023 en la ciudad de Rosario, el desplome fue del 70 por ciento. Todo muy lindo, salvo que si la funcionaria hubiera tenido el valor de mirar hacia atrás unos años más, el cuento se desinflaba como un globo pinchado.
Resulta que en 2016, cuando Pullaro era ministro de un gobierno de su mismo color político, los números no eran tan generosos para la foto oficial. Y si la comparación se extendía hasta 2014, la diferencia se volvía tan exigua que el festejo se transformaba en un incómodo silencio.
El gobierno radical eligió el espejo retrovisor que mejor le sienta, el que muestra una imagen distorsionada pero lo suficientemente amplia como para ocultar las arrugas de su propia gestión.
La vocera Coudannes calificó los resultados como una baja inédita y los atribuyó a una política pública sostenida en el tiempo. Una declaración que suena a manual de autoayuda política, porque la sostenibilidad se mide en décadas, no en los apresurados cortes trimestrales que tanto le gustan al gobernador para salir a posar con estadísticas bajo el brazo.
Pullaro utiliza lapsos cada vez más breves para celebrar, una práctica que los matemáticos llaman problema metodológico y los políticos llaman estrategia de comunicación. El riesgo es evidente, porque si mañana los homicidios repuntan, la misma vara corta que hoy usa para festejar servirá para que la oposición le mida la nuca.
En favor del gobernador hay que reconocer que ningún mandatario de otro signo político actuaría distinto si tuviera un número así para mostrar. El problema no es que Pullaro festeje, sino que lo haga con la misma desfachatez con que otros gobernantes esconden los malos resultados. La baja de homicidios es incontrastable, los datos están ahí y nadie los discute, pero el relato oficial se arma con tijera y pegamento, recortando el período de comparación como si el pasado pre-perottista no existiera.
Rosario terminó el 2025 con 112 crímenes, una cifra que muestra una suba del 25 por ciento respecto del año anterior y que obliga a buscar en los archivos de 2006 para encontrar un registro más bajo, cuando la violencia no había explotado aún como una bomba de tiempo.
El primer año de gestión de Pullaro los homicidios cayeron un 65 por ciento, un dato que sería admirable si no estuviera teñido por el hecho de que venía de un piso tan alto que cualquier caída parecía épica. El gobierno celebra hoy con la euforia del que encuentra agua en el desierto, pero se olvida de mencionar que el desierto lo heredó, sí, pero también lo alimentó con sus propias políticas de seguridad que hoy son elogiadas con la misma vehemencia con que antes eran criticadas.
La política de seguridad de Santa Fe parece una montaña rusa, con subidas y bajadas que el oficialismo festeja o silencia según la conveniencia del momento. Los homicidios bajaron, eso es un hecho que ningún crítico puede refutar, pero el modo de contarlo revela más sobre la vocación comunicacional del gobierno que sobre la efectividad de sus políticas. Pullaro encontró en los números una tabla de salvación política y la usa con la habilidad de un tahúr que sabe cuándo mostrar las cartas y cuándo esconderlas bajo la manga.








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