Pullaro ya les birló más de 10 palos a los docentes santafesinos y sigue haciendo caja con sus sueldos
La docencia santafesina ya perdió más de 10 millones de pesos desde que Maximiliano Pullaro se instaló en la Casa Gris. No es una metáfora, no es una exageración de gremios calentones: es un número frío que arrojó el Centro de Estudios Scalabrini Ortiz y que el propio titular de Sadop Rosario, Martín Lucero, tiene tatuado en la memoria.
Pero vayamos a las cuentas claras, porque el socialismo, cuando le conviene, es experto en enredar los números. El informe del CESO revela que los salarios docentes vienen siendo licuados con la misma precisión quirúrgica con la que Pullaro recorta gastos en las escuelas. La pérdida acumulada supera los 10 palos verdes, y el dato no es menor: cada mes que pasa, la brecha entre el bolsillo del maestro y la inflación se ensancha como un pozo sin fondo.
¿Pullaro necesita adelantos de coparticipación por hasta $400.000 millones porque Santa Fe tiene dificultades financieras transitorias?
— Diego Giuliano (@DiegoGiuliano) June 22, 2026
El gobernador dijo que la provincia tiene superávit primario, sin embargo pide adelantos.
Alguien debería explicarle a los santafesinos qué… pic.twitter.com/1ljimgvzpT
"Es una decisión deliberada", disparó Lucero, y no anduvo con vueltas. El gremialista tiene razón cuando señala que los aumentos no se negocian, se imponen por decreto. Así nomás: sin mesa, sin diálogo, sin esa mística participativa que tanto pregonan los que hoy gobiernan Santa Fe. Los docentes reciben migajas mientras Pullaro juega al equilibrista fiscal con la platita que no llega desde Nación.
Ahí está el meollo del asunto. Mientras el gobernador se rasga las vestiduras porque Javier Milei no le manda los fondos de la coparticipación, se hace el distraído con sus propios números. Pullaro dice que necesita recursos para obras públicas, pero los maestros santafesinos se preguntan si las obras no serán, casualmente, los puentes que se levantan entre el discurso y la realidad.
La excusa es vieja y gastada: si no me da el gobierno nacional, se la cobro a los trabajadores. Como en la época de los ajustes que el peronismo le endilgaba a Macri, pero ahora con el moño socialista.
Los números del CESO no dejan lugar a dudas: la recomposición necesaria ronda el 15 por ciento sólo para empatar lo perdido, más otro 11 por ciento para no quedarse atrás en la carrera inflacionaria que viene. En total, un 30 por ciento de la escala salarial voló por el aire. Para ponerlo en plata: cada docente santafesino está bancando con su propio bolsillo el déficit que Pullaro no quiere cubrir con otras herramientas.
¿Y el gobernador? Sigue con su libreto aprendido, mirando para la Rosada con cara de damnificado mientras los sueldos de los educadores se derriten como helado en enero. No escucha, no convoca, no negocia. Y cuando los gremios le tocan el timbre, aparece el decreto como respuesta.
Una política de ajuste disfrazada de administración responsable, pero que en los hechos es la misma receta de siempre: pagan los que menos ruido hacen, o los que menos pueden hacerlo.
Pullaro debería entender que un gobernante que no escucha a sus trabajadores no es un estadista: es un gerente de fondos de inversión con despacho en el centro. Y los docentes no son números en un planilla: son los que forman a los pibes que mañana van a heredar esta provincia con los sueldos en el piso.
La pregunta que queda flotando es si el gobernador va a seguir usando el espejo retrovisor para mirar hacia atrás o si algún día va a poner primera y enfrentar el problema de frente.








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