VIDEO | De “obras sin corrupción” a palos contra los que querían poner la cara de Belgrano: el show de Pullaro
Maximiliano Pullaro llegó al Monumento a la Bandera con el traje de funcionario probo y la sonrisa de quien sabe que las cámaras lo van a enfocar. Pero mientras el gobernador se llenaba la boca con eso de "obras sin corrupción", los santafesinos que militan en el territorio ya le tenían preparada la recibida. La frase "esta es la gente antipatria de Pullaro, nos agreden por querer colocar una bandera argentina con la cara de Belgrano" corrió como pólvora entre los presentes.
Y no era para menos: los delegados del gobierno provincial se encargaron de impedir que militantes de la oposición desplegaran su paño patrio con el rostro del creador de la enseña nacional. El argumento oficial fue que estaba prohibido colocar banderas políticas en el acto, pero el tiro les salió por la culata. Porque la imagen que quedó fue la de un gobernador que se dice federal pero no tolera que otros expresen su pertenencia.
ESTA ES LA GENTE ANTIPATRIA DE PULLARO, nos agreden por querer colocar una bandera argentina con la cara de belgrano, asi son bien ratas inmundas pic.twitter.com/NKmh3Oyfdb
— Ludmi Radolovich (@LRadolovichh) June 20, 2026
El episodio expuso una contradicción que Pullaro intentó maquillar con su discurso. El mandatario provincial aprovechó la presencia del presidente Javier Milei para reivindicar su gestión y pedir fondos para infraestructura productiva, pero los vecinos que se acercaron a la plaza sabían que el gobernador no es tan santo como se pinta.
En Rosario, las organizaciones sociales y los movimientos territoriales vienen denunciando el avance de una política de mano dura que, según ellos, criminaliza a los sectores populares. Pullaro habla de seguridad con números que bajan, pero los que viven en los barrios del cordón oeste saben que la baja de homicidios no les soluciona el problema de llegar a fin de mes. Y eso, en la plaza, se notaba.
Pero el momento más tenso llegó cuando Pullaro, con esa habilidad que tienen los políticos para hacer declaraciones que suenan a palazo, soltó su famosa frase sobre la transparencia. La militancia libertaria, que había llegado al acto con la locura a flor de piel, le silbó y le cantó "caradura". Pullaro, lejos de inmutarse, siguió como si nada.
Los mismos que lo habían recibido con una banda de guerra se le plantaron en contra por un comentario que, según interpretaron, era una puñalada directa al riñón de Adorni y el gobierno nacional. El gobernador había pasado de aliado incómodo a objetivo de los cantitos de la tribuna libertaria. En menos de diez minutos.
La decisión de Pullaro de sentar a Victoria Villarruel en el palco de autoridades, al lado de la socialista Clara García, no fue casual. El gobernador sabe que la vicepresidenta tiene su propia agenda y que la relación con Milei es, como mínimo, tirante. Al invitarla y darle visibilidad, Pullaro le envió un mensaje claro al peluca: yo muevo mis fichas y decido quién se sube a mi escenario.
No es un gesto de cortesía, es un cálculo político. Pero esa jugada, que puede leerse como una muestra de poder territorial, también expone la fragilidad de un gobernador que necesita mostrarse fuerte porque en su propia provincia los vecinos ya no se bancan más los discursos vacíos.
El intendente Pablo Javkin, por su parte, se subió a la ola libertaria y dijo que "el miedo cambió de bando". Una frase que podría haber sido escrita por el equipo de comunicación de cualquier candidato, pero que en boca del jefe comunal rosarino suena a intento desesperado por sacar rédito de la visita presidencial.
Sin embargo, Javkin también sabe que en los barrios de Rosario la policía sigue entrando con balas y que los operativos no siempre distinguen entre delincuentes y vecinos. El discurso de la seguridad como bandera puede gustar en los medios, pero en el territorio es otro el cuento que se cuenta.
Milei, mientras tanto, se refugió en un discurso tedioso y lleno de citas históricas que nadie pudo seguir porque el sonido del parque no acompañaba. La imagen fue patética: el Presidente hablando de Belgrano y la patria mientras el público se distraía con los celulares y los que estaban atrás no escuchaban ni una palabra.
El gobernador dijo que en Santa Fe las obras se hacen sin corrupción, pero los vecinos que fueron agredidos por la policía mientras intentaban poner una bandera con la cara de Belgrano tienen otra historia para contar.
Pullaro se queja de la falta de fondos nacionales, pero cuando se trata de garantizar el derecho a expresarse, el gobernador no duda en usar el aparato estatal para frenar a la gente. Y eso, en el lenguaje llano de la calle, se llama hacer la gran política de siempre: hablar de libertad mientras se cercena la de los otros.
El mensaje final de la jornada es que Pullaro, el gobernador que se presenta como el gestor moderno y transparente, tiene los pies de barro. Porque la transparencia no se demuestra con frases armadas sino con hechos concretos. Y el hecho concreto del día fue que los militantes que quisieron poner la bandera de Belgrano fueron reprimidos.
Eso no es transparencia, eso es autoritarismo camuflado de gestión. Pullaro se fue del acto con el aplauso de los libertarios que le silbaron y con el respaldo de Villarruel, pero dejó en el camino una estela de bronca que los rosarinos no van a olvidar tan fácil.








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