Judiciales y Policiales
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VIDEO | Desbaratan una falsa denuncia a un padre por abuso contra su hija y ahora los acusadores van a juicio

La periodista de investigación Mimi Dominici repasó el caso de Eduardo Otero, quien pasó de imputado a denunciante.

Una denuncia por abuso sexual contra su propia hija lo dejó fuera de su vida durante tres años y medio. Sin pruebas concluyentes y con el paso del tiempo, la Justicia terminó desestimando la acusación.

En un giro contundente, Eduardo Otero, vecino de Santa Fe, pasó de imputado a denunciante: inició acciones judiciales contra su expareja, la abogada que la representó, una psicóloga y dos testigos, a quienes acusa de haber sostenido una denuncia falsa. El caso ya tiene fecha de juicio para este año.

En una entrevista con la periodista de investigación Mimi Dominici, Otero repasó el recorrido de una causa que, según afirma, le arrebató trabajo, prestigio y el vínculo cotidiano con su hija. Su testimonio se centró tano en las presuntas irregularidades que atravesaron el expediente como en las consecuencias personales de un proceso judicial que lo mantuvo alejado de su hija durante más de tres años.

La denuncia inicial activó de inmediato los mecanismos judiciales y derivó en la interrupción total del contacto. Como ocurre en este tipo de causas, el tiempo procesal avanzó con medidas restrictivas mientras se acumulaban informes y pericias.

Sin embargo, varios de esos elementos comenzaron a debilitarse con el correr de la investigación. Entre ellos, un informe psicológico que describía a Otero con determinados rasgos sin que la profesional hubiera mantenido una entrevista directa con él. Ese punto, expuesto en sede judicial, fue determinante para poner en cuestión la validez de esa prueba.

A lo largo del proceso, también se incorporaron evaluaciones periciales que arrojaron resultados favorables para Otero, mientras que otros estudios sobre su expareja generaron observaciones adversas. Todo ese conjunto de elementos fue considerado por la Justicia al momento de desestimar las denuncias, al no encontrar sustento probatorio suficiente.

Pero el aspecto más delicado no fue estrictamente jurídico, sino vincular. Durante la conversación con la periodista, Otero relató cómo fue el reencuentro con su hija tras años de distancia. La revinculación, autorizada por la Justicia bajo un régimen de encuentros supervisados dos veces por semana, comenzó en un clima de fuerte tensión. Según su testimonio, la niña manifestaba rechazo y repetía expresiones hostiles hacia él. Otero interpreta ese comportamiento en el marco de un proceso de influencia externa, donde la menor habría incorporado discursos ajenos durante el tiempo en que no mantuvieron contacto.

Ese escenario contrasta, siempre según consta en actuaciones previas, con instancias iniciales en las que la niña había expresado afecto y deseo de ver a su padre. Para Otero, ese cambio resulta clave para entender lo ocurrido durante el período en que estuvo impedido de ejercer su rol paterno.

El impacto personal fue profundo. Tras más de dos décadas de trabajo en una misma empresa, perdió su empleo. También señala un deterioro en su imagen pública y en su entorno social. “Perdés todo”, sintetizó durante la charla con Mimi, al describir las consecuencias de haber atravesado una acusación de este tipo sin que, finalmente, se comprobara.

Con la causa original desestimada, el foco ahora está puesto en el nuevo proceso judicial que impulsa Otero. En esta instancia, busca que se determinen responsabilidades sobre quienes intervinieron en la denuncia que lo tuvo como acusado. El expediente, que avanzará a juicio este año, podría sentar un precedente en relación con el tratamiento de denuncias que no logran ser acreditadas.

Hacia el cierre de la entrevista, la comunicadora Dominici le planteó qué mensaje le dejaría a otros padres que atraviesan situaciones similares. Otero respondió con una combinación de cautela y firmeza: recomendó respetar cada instancia judicial, evitar decisiones impulsivas incluso frente a la desesperación por ver a un hijo y sostener una estrategia legal sólida. También subrayó la importancia de visibilizar los casos, darles difusión y no quedar atrapados en el silencio.

La causa, ahora en una nueva etapa, pone en discusión no sólo un conflicto individual, sino también el funcionamiento de procesos donde una denuncia puede tener efectos inmediatos y prolongados aun antes de ser probada. Mientras espera el juicio, Otero intenta reconstruir el vínculo con su hija bajo supervisión judicial. Sabe que hay tiempo perdido que no se recupera, pero confía en que el proceso que se abre permitirá, al menos, establecer responsabilidades y evitar que historias similares vuelvan a repetirse.

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