Política
Interna y cálculo

VIDEO | Pullaro en modo camaleón: destrozó el modelo mileista pero defiende el equilibrio fiscal y las "inversiones"

El gobernador santafesino cuestionó el rumbo económico de la Casa Rosada, habló de caída del empleo y pérdida de recursos, pero admitió que acompañó reformas del oficialismo. (Imagen: CHATGPT-IA)

Maximiliano Pullaro intentó tomar distancia de Javier Milei con una frase contundente, al sostener que “estamos perdiendo empleo y recursos económicos” y que “el modelo de Milei tiene que cambiar”, pero en la misma entrevista dejó al descubierto una secuencia de contradicciones políticas, económicas y de gestión que debilitan su planteo.

El gobernador de Santa Fe buscó mostrarse como una voz crítica del oficialismo nacional, aunque reconoció que respaldó reformas impulsadas por la Casa Rosada, como la modernización laboral, y también destacó avances en materia de equilibrio fiscal e inflación. Así, mientras intenta pararse como opositor, admite haber acompañado parte del andamiaje político del mismo esquema que ahora cuestiona.

La ambigüedad no terminó ahí. Pullaro aseguró que “la gente no llega a fin de mes” y describió un cuadro económico asfixiante, pero al mismo tiempo defendió su administración al afirmar que Santa Fe paga los mejores salarios del país. La contradicción quedó servida: si la propia provincia que gobierna exhibe, según él, los mejores sueldos, resulta difícil explicar por qué docentes, policías, médicos y trabajadores estatales siguen envueltos en reclamos y conflictos.

De hecho, el mandatario no pudo esquivar esa realidad. En su diagnóstico incluyó a docentes, policías, médicos y empleados de la administración central entre los sectores golpeados por la pérdida de poder adquisitivo. Es decir, mientras intenta cargar toda la responsabilidad sobre el modelo nacional, también termina reconociendo que en su propia gestión no logró desactivar el malestar salarial ni garantizar una situación de estabilidad para los trabajadores públicos.

En el terreno económico, Pullaro volvió a exhibir una postura dual. Reclamó una baja de retenciones, pidió un “shock productivo” y cuestionó la apertura importadora, pero al mismo tiempo defendió inversiones en rutas, puertos, energía, gasoductos y aeropuertos. El problema es que no explicó con claridad cómo se financia un esquema de mayor inversión pública con menos recursos fiscales, en un contexto que él mismo describe como de caída de ingresos y recesión.

También quedó expuesto en su relación con el empresariado. Por un lado, rechazó los ataques de Milei contra industriales y empresarios. Por otro, admitió que durante años hubo empresas monopólicas que se beneficiaron con condiciones ventajosas. Así, su discurso osciló entre la defensa de los sectores productivos y la aceptación de privilegios que nunca termina de señalar con nombre y apellido.

La entrevista además mostró a un Pullaro ya metido de lleno en el armado político de 2027. Habló de una alternativa nacional por fuera de Milei y del kirchnerismo, dejó abierta la puerta a Mauricio Macri y se mostró alineado con el eje Llaryora-Schiaretti.

Sin embargo, cuando le preguntaron por una eventual candidatura presidencial, respondió que está concentrado en resolver los problemas de Santa Fe. La escena dejó otra inconsistencia evidente: niega ambiciones personales, pero dedica buena parte de su discurso a diseñar el mapa electoral que viene.

En seguridad, el gobernador volvió a exhibir otro contraste. Mostró como logro la baja de homicidios en la provincia y en Rosario, pero a la vez admitió que “las organizaciones criminales siguen vivas” y que “no hay ninguna batalla ganada”.

La frase, que buscó sonar realista, también funciona como una admisión de fragilidad: después de meses de endurecimiento discursivo y de exhibir resultados, el propio Pullaro reconoce que la amenaza narco sigue activa y que el problema de fondo está lejos de haber sido resuelto.

Incluso en su vínculo con Milei la posición volvió a ser pendular. Dijo que el Presidente debe cambiar el rumbo económico, pero también afirmó que cree en su honestidad y defendió varias de sus decisiones de gestión. El resultado fue un mensaje confuso, a medio camino entre la crítica, la convivencia institucional y el cálculo político.

Con ese combo, Pullaro intentó presentarse como la cara de una alternativa “productiva” para el país, aunque terminó dejando una imagen más incómoda: la de un dirigente que cuestiona el modelo que ayudó a sostener, denuncia la crisis que también atraviesa su provincia y empieza a jugar para 2027 mientras todavía no logra ordenar todas las tensiones de su propia gestión.

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