Gremiales
Terremoto sindical rosarino

VIDEO | La CGT resucita después de 14 años y ya apunta sus cañones contra la reforma laboral de Milei

Miguel Vivas, secretario general de la CGT, promete embestir la reforma laboral que impulsa el Gobierno de Javier Milei.

Rosario acaba de sumar un capítulo digno de novela política: después de catorce años de fragmentación, silencios, pases de factura y una larga siesta sindical, la CGT Rosario volvió a unir sus piezas y eligió nuevo jefe.

Miguel Vivas, un hombre de perfil bajo pero espalda gruesa en el gremio de la alimentación, terminó consagrado como el capitán del barco que promete navegar —o embestir— frente a la reforma laboral que impulsa el Gobierno de Javier Milei. Noventa gremios firmaron su nombre sin pestañear, como si el sindicalismo rosarino hubiera encontrado de golpe el cargador que llevaba años buscando.

Todo se cocinó en tres reuniones que, según quienes estuvieron adentro, tuvieron la tensión justa entre rosca, reconciliación y ansias de volver a jugar en la cancha grande. La regional llevaba rota desde 2010, cuando las diferencias con la conducción nacional dejaron a Rosario como un archipiélago sindical sin brújula.

Esta semana, entre bombos imaginarios y café real, los avales empezaron a llegar uno tras otro hasta que la unidad quedó sellada en la sede de Pasteleros. El 27 de noviembre se hará la presentación oficial, con actas, firmas y más sonrisas que en una foto de egresados.

La jugada vino con un condimento inesperado: esta vez, los históricos “gordos” quedaron al margen. La idea fue elegir a alguien que pudiera dialogar sin romper vajilla, negociar sin perder el eje y, sobre todo, ofrecer una bandera federal. Ahí apareció Vivas, que desde hace más de una década conduce el gremio de la alimentación y se mueve con la soltura de quien conoce cada pasillo del sindicalismo nacional.

Horacio Yannotti, del Sindicato de Peones de Taxi, lo resumió sin anestesia: “Podría haber sido cualquiera. Se llegó a un consenso”. Una frase corta, pero con el perfume a tregua que hacía años no se respiraba.

Vivas, sorprendido por su propia coronación, ya avisó que su modelo no es un triunvirato. Quiere cuatro secretarías adjuntas y, sobre todo, presencia femenina en esa mesa chica que definirá la estrategia contra lo que varios gremios llaman “la cirugía mayor” que Milei prepara para los derechos laborales.

La Bancaria, con Analía Ratner a la cabeza, empujó fuerte por un acuerdo sin caprichos personales y remarcó que la independencia de la regional —esa vieja herida con Buenos Aires— no se negocia. Vivas coincide: la conducción se elige en Rosario, no en la mesa porteña.

El nuevo líder tiene 65 años y más de tres décadas adentro del gremio. Maneja una regional con 3.500 afiliados y promete que la CGT unificada no será un actor electoral sino un escudo para los trabajadores. Su estrategia es simple: diálogo primero, conflicto sólo si no queda otra. Pero la advertencia está ahí, latente: “Si hay que generar un conflicto, se hará”. Y el diagnóstico es sombrío: “Los trabajadores la estamos pasando muy mal. Hay mucho ataque por parte del Gobierno”.

El 27 de noviembre, cuando la CGT Rosario se presente formalmente, quedará claro si este renacimiento sindical es un abrazo eterno o un pacto precario. Por ahora, es la señal más fuerte en años de que el gigante que dormía decidió finalmente desperezarse. Y lo hará mirando de frente al gobierno libertario, con un mensaje que suena fuerte entre las paredes de cualquier fábrica: si la reforma viene para destruir, el choque será inevitable.

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