Opinión
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Parálisis por agroquímicos

Pozo Borrado.

Por Graciela Vizcay Gómez (*), especial para NOVA.

La noticia se dio el 14 de abril de 2014 en “Tostado TV”, dando cuenta de que tres vecinos de la localidad Pozo Borrado, dos de ellos menores, sufrieron parálisis momentáneas en sus miembros inferiores. La causa sería el abuso en las dosis de los agroquímicos, utilizados en las fumigaciones de cultivos.

Uno de ellos, el adulto, recuperó la movilidad a las 48 horas de sufrir la parálisis, mientras que a una niña de 12 años, afectada por el mismo cuadro clínico, le llevó un par de días más. En el último de los casos, un menor de 8 años lleva más de una semana postrado en silla de ruedas.

El Centro de Salud de Pozo Borrado, en concordancia con una pediatra de Tostado y el Ministerio de Salud de la provincia, dispuso el estudio de reservorios de agua de particulares y cultivos. Dicha investigación habría detectado la presencia de algunos elementos propios de los agroquímicos en reducida cantidad, pero cuyo constante consumo, podría llevar a la parálisis de los miembros inferiores.

La "reducida cantidad", "la investigación" y el "seguimiento" son las excusas de siempre desde el gobierno socialista, que ante los innumerables de casos como este, o de intoxicaciones más graves, de muertes y cánceres fulminantes, tienen la cínica respuesta de que "las cifras reales de los hospitales no dan cuenta de ningún crecimiento de cánceres y enfermedades como la leucemia por causa de los venenos".

¿Dónde están las cifras y los porcentajes que denuncian los ambientalistas?, se preguntan, invirtiendo la carga de la prueba del lado de los afectados, algo que el Ministerio de Salud provincial debería tener aceitado, pero no prohibido investigar.

Con ese mismo cinismo el gobernador Antonio Bonfatti irá a disertar sobre salud a Harvard, donde el decano, ex ministro de Salud de México, ex empleado de la OMS y ex empleado del clan Rothschild, la Fundación Bill y Melinda Gates, podría haber tramado futuros acuerdos rentados de cómo inducir pandemias y vacunación masivas para probar nuevas drogas de laboratorios y multinacionales.

Estas últimas, dueñas de la provincia donde su Congreso es la Bolsa de Comercio rosarina, con diputados como Aapresid y laboratorios solventados para que los intoxicados sean solo una sensación, ninguno da positivo.

El diario Daily Mail, del Reino Unido, publicó el 27 de marzo del 2012 la nota titulada "Africa's walking dead: Mystery of horrific 'nodding' disease that turns children into zombies", allí describe la pandemia H1N1 con fotos escalofriantes como la del niño de 6 años Josh Hadfield, que desarrolló problemas similares a los síntomas "zombie" luego de tomar la vacuna contra la gripe porcina marca Pandemrix en 2009.

"La vacuna contra la gripe provocó narcolepsia a nuestro hijo de seis años de edad: el muchacho duerme hasta 19 horas por día desde que fue vacunado", "Nuestro hijo es como una marioneta cuyos hilos fueron cortados". Por supuesto que "GlaxoSmithKline niega una relación causal entre la narcolepsia y Pandemrix".

Londres no se hizo cargo, sin embargo Finlandia confirmó el vínculo entre el trastorno del sueño y la vacuna por medio del Instituto Nacional de Salud y Bienestar de Finlandia. La "enfermedad del cabeceo" es más peligrosa, al ser provocada por una vacuna diseñada con el virus de la rabia modificado genéticamente, de acuerdo a la Dra. Rebecca Carley.

Justo antes del comienzo de la "epidemia" hubo una masiva cantidad de programas de vacunación en Uganda. Una organización benéfica relacionada directamente al príncipe William y la Fundación Bill y Melinda Gates apoyaron un programa de vacunación "contra la rabia" en Tanzania, justamente en una región que también tuvo una vacunación masiva con ARK .

Otro cómplice, Bill Gates, anunció públicamente en TED que las vacunas son un método efectivo para disminuir la población global. Así de pronto aparece un virus "desconocido" para los galenos muchos de ellos copartícipes.

Otros de los síntomas son la pérdida de la capacidad cognitiva y atrofias durante el crecimiento, Ya infectados, los niños sufren epilepsia, convulsiones, otros mueren de infecciones debido a que se debilitan y desnutren.

"La causa más extraña -dice el Daily Mail- son síntomas extraños como cuando los niños son encontrados a menudo vagando y perdidos en el monte, algunos parecen confundidos y traumatizados".

Efectos similares a los que causan en los insectos los agroquímicos insecticidas que afectan directamente el sistema nervioso. Diversos virus, parásitos y neurotoxinas que degeneren el cerebro hasta el punto de convertir a una persona en un zombie, sin sentido humano y que sólo pueda realizar tareas básicas.

Pero, claro, afirmar esto aunque lo diga un diario londinense sería una "irresponsabilidad", según el médico jubilado presidente de Maizar Gastón Fernandez Palma, para el cual los agroquímicos son un aperitivo que a ningún ser humano le causa daño, deberíamos recetarle una semanita en el Auschwitz a cielo abierto de las tierras santafesinas, con una dieta similar a la usada en las aplicaciones de plaguicidas, en pequeñas dosis.

Tal vez el médico irresponsable nos pueda dar luego los datos de sus tejidos adiposos con cuánta bioacumulación del veneno y cómo afectaron su colinesterasa.

Pero dejemos a los necios y hablemos de Pozo Borrado, porque la causa, y antes de que desde el ministerio de Mario Drisun se conteste que solo fue una bacteria en el agua lo que produjo tal parálisis, salimos al cruce a afirmarles a los habitantes de Pozo Borrado y a su presidente comunal, Sebastián Cornero, que en España comprobaron esto en el año 1990, un equipo médico del hospital almeriense de Torrecárdenas, dirigido por el doctor Fernando Yélamo: "Los pesticidas causan parálisis entre sus usuarios, también pérdidas de memoria y depresión".

El equipo ha comprobado la existencia de daños neuro-psicológicos entre las personas dedicadas largo tiempo a trabajos donde es habitual el uso de productos organofosforados como insecticidas. La intoxicación crónica detectada en pacientes revela un deterioro en el sistema nervioso que lleva a la parálisis irreversible.

Historia

Entre 1981 y 1986 fueron estudiados 187 casos de pacientes ingresados en el mencionado hospital presentando síntomas de intoxicación aguda, sobre los que se practicó un estudio químico y otro analítico completo.

La estadística obtenida a partir de los análisis indicó que los insecticidas tóxicos pueden atacar a todos los sistemas del cuerpo y que algunos de los pacientes que eran dados de alta, tras unas semanas de convalecencia eran hospitalizados nuevamente aquejados de parálisis en los miembros inferiores.

Esta situación motivó la realización de una prueba sobre 40 trabajadores considerados clínicamente sanos de edades comprendidas entre los 22 y 35 años con el único antecedente común de llevar más de ocho años manipulando insecticidas organofosforados.

Tras un primer estudio químico que arrojó datos normales, las pruebas neuro-psicológicas demostraron que el 70% presentaba síntomas de parálisis. Otro grupo de 10 voluntarios de la misma procedencia geográfica pero ajenos a los cultivos reveló en los análisis un cuadro sanitario normal.

Los médicos determinaron que la prolongada exposición a los organofosforados causa una polineuropatía que deriva en parálisis. El equipo médico indica que se debe evitar el prolongado contacto con estos productos además de realizar controles periódicos cada cinco meses para prevenir daños irreversibles en el sistema nervioso.

Los síntomas

La intoxicación crónica produce también pérdida de memoria, síntomas de depresión y alteración en el comportamiento. Los primeros síntomas se muestran por dificultades en el paso y dolores musculares, "lo que hace se confunda muy frecuentemente la enfermedad con artrosis o reumatismo", según el doctor Fernando Yélamo.

El médico resaltó que los datos obtenidos por el equipo médico del hospital de Torrecárdenas representan un precedente importante en la medicina preventiva por ser la primera vez que el índice de Latencia Terminal (TLI, en sus siglas inglesas) sobre repercusión de intoxicaciones en el sistema nervioso había sido aplicado en personas.

Estos datos se han dado a conocer coincidiendo con el inicio de una campaña del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en las zonas productoras de la provincia de Almería para tratar de mentalizar a los agricultores sobre el uso, control y riesgos de los residuos de plaguicidas.

Aunque existen en el mercado más de 10 marcas de plaguicidas, las más comunes son el Metamidozo y Clorpirifos, que se siguen empleando aunque en muchos países ya están prohibidos.

Dicho esto, desde la Asociación Argentina de Periodistas Ambientales esperamos impacientes las investigaciones del equipo médico santafesino, sin la ayuda de ningún organismo de Buenos Aires, ya que según el gobernador Bonfatti la provincia de Santa Fe y sus Nodos son un ejemplo, y lo va a demostrar en Harvard. Tal vez nos sorprendan.

(*) Abogada ambientalista.

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